La historia de las cosas

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martes 6 de julio de 2010

Palabras de una lectora acerca del Antiprincipito


"Los animales, el Príncipe, el nombre Antiprincipito, la cloaca, las velas, los miedos, los escondites, los bolsillos, la aventura con el cocodrilo y el fuego, el supuesto huevo de ñandú, las personalidades… todo, todo en el libro es puente, puerta a las interpretaciones que podemos crear al leerlo, como una música, cada uno lo interpreta a su manera, a su estado, a su humor. El libro es eso, el sentido que nosotros, en cada lectura le damos a cada historia contada, a cada personaje, objeto o diálogo. En cada página nos permite descubrirnos creadores/ creadoras de nuestras propias imágenes y semejanzas.

Y algo así también pasa con las presentaciones en vivo de las reuniones secretas."


Paola Contartese, 24 años.

(Mientras nosotros no sabemos cómo expresar lo que el libro y la historia del antiprincipito significa, los lectores y lectoras, en sus lecturas comienzan a hacerlo por nosotros. Gracias Paola, por tu mensaje con tus críticas y elogios, y por esta definición que nos tomamos el atrevimiento de compartir con más gente.)

jueves 20 de mayo de 2010

Inicio de la novela Antiprincipito













Así empieza el cuaderno naranja del príncipe… me lo dio una
vez que nació la confianza. Es un poema. La primera vez que lo
escuché, lo recitó de memoria en este mismo lugar de la cloaca, la entrada que da a la laguna.
¿Quién me pidió que escriba esta crónica?
Nadie.
Me ofrecí porque fui el primero en establecer un contacto con él. Y no crean que fue fácil. No señor. Costó un huevo. Desde aquel día en que lo vi llegar, hasta hoy, pasaron muchas cosas. Demasiadas.
Pero no quiero adelantarme en los hechos, sólo estoy aquí para que se enteren qué fue lo que nos motivó a todo esto. Con respecto a lo que vendrá… soy una rata que vive en la entraña de cemento, no adivino. Acá, donde armé este improvisado escritorio, están las cosas del príncipe… su historia y la de esta cloaca, ya no pueden separarse, forman un diálogo extraño que ojalá no se pierda en la oscuridad.

jueves 29 de abril de 2010

Cielo Razzo Acústico, impresiones.














La médula de las canciones acústicas que la banda está tocando en este formato especial, es Cielo Razzo puro. Porque inclusive en sus versiones originales, en las canciones más encendidas y eléctricas, siempre hay un espacio para la reflexión, ya sea en las letras o en la música, en la combinación de ambas; en este formato acústico, los arreglos hechos por el tecladista Chelo Vizzarri buscaron que la intensidad musical de cada canción resonara en toda su dimensión reflexiva. A los siete de Cielo Razzo (dos guitarras, bajo, batería, percusión, teclados y voz) se les sumó un Cello, un violín, y (alternadamente) un saxo y una flauta traversa. Esto dio un giro de claridad (y en ningún caso se perdió la intensidad de cada canción) que hizo resonar la poesía de la música y la letra, integradas a otros decibeles, dándose el espacio entre sí, para llegar más lejos y más amplio en el oído y la imaginación de quien escuchara atento la propuesta.

El formato teatro colabora a producir el clima necesario, y su público comprende sin rodeos, que en estas fechas especiales, acústicas e imperdibles de Cielo Razzo, el pogo y el abrazo fraterno de todos los reunidos se produce en otro lado: en lo profundo del corazón de la reunión.

Cielo Razzo:
Cristián Narváez: bajo
Diego "Pájaro" Almirón: guitarra y coros
Fernando Aime: guitarra
Javier Robledo: batería y coros
Pablo Pino: voz y armónica

Invitados permanentes:
Marcelo Vizzarri: teclados
Carlo Seminara: percusión

Invitados Acústico:

Andres Ricci: Saxo y Flauta Traversa
Maximiliano Natalutti: Violín
Paolo Ferrara: Violonchelo

martes 22 de diciembre de 2009

Cielo Razzo, Segunda parte














Hay algo de cómo están organizados, de eso me gustaría hablar. Que es una muy buena organización, y muy fuerte. Por lo menos ahora, que los conozco.


Pájaro: Esta banda, siempre se caracterizó por la organización. Cualquier grupo de Rosario va a decirte, que el camino que nosotros hicimos, fue un camino siempre muy firme. Cualquier cosita, por pequeña que sea, siempre se le dio importancia. Tuvimos suerte, en una época en que mi hermano laburaba en una imprenta, que podíamos diseñar, porque Willy (hermano de Pablo) es el diseñador; desde el principio hubo un equipo. Siempre estuvo, siempre está.
Por ejemplo, hacíamos afiches a cuatro colores, en una época que era muy difícil. Tuvimos la suerte de poder hacerlo, pero también había que moverlo, salir, pegar los afiches.
Nosotros hacemos la torta y la salimos a vender. La banda siempre fue así. Código de barra, pegamos y armamos los estuches acá, arriba de esta mesa. En la sala de ensayo actual, que antes era la casa de Cristian. De hecho, debe haber alguna etiqueta ahí, dando vueltas. Cuando nos hacían un pedido, veníamos con la cola, consultábamos: hay que hacer 40 discos para tales lugares… ¿quién puede? Y a laburar entre todos. La suma de voluntades, creo que ése es nuestro secreto.

Javier: Quizá para el Pájaro que lo vivió como un proceso paulatino, por ahí es distinto; pero yo que entré a la banda con una historia muy fuerte conformada, me sorprendió de repente, el tema de los asistentes, el iluminador, el sonido, al nivel de una banda re-pro.

Pájaro: Pero eran amigos, totalmente desinteresados… y desde antes de que entrara yo, también, esto era así. Desde el 95, al 98, cada amigo estaba, o en la boletería, o en donde sea, ya tenía un puesto, que iba cambiando, pero había que hacerlo. Era esa visión de “hay que hacerlo así”; no había plata, entonces con lo que había, nos arreglábamos. Vamos a tocar a un bar (en los comienzos) y alquilábamos una luz que te guiñaba, y le buscábamos que rindiera lo mejor, o en esa época se usaba mucho las banderas, poníamos telas.

Javier: pero yo me refiero a que era una organización desorganizada, no estaba pensado ni diagramado: eran amigos, que hacían lo que se necesitaba por motus propio, sin conveniencia.

Pájaro: Buena voluntad de la gente. Por ejemplo, venía un amigo, Claudio, que falleció en el accidente con Largo, y que hasta el último día hizo la escenografía. Él no había estudiado escenografía, se dedicaba a otra cosa, pero le gustaba la banda, y flasheaba algo, y venía y te pintaba una bandera; entonces caía a la sala, y decía: hice esto. Antes del accidente, el padre nos contó que estaba haciendo una esfera; andá a saber qué onda… nunca la vimos, pero estaba laburando sin parar, por pura buena predisposición. (Hace silencio. Saca la última mandarina, pero no con ánimos de comerla; simplemente, hace que gire en su mano mientras el sonido ambiente del barrio puebla el silencio y la mirada que nos une.)
Y el 2004 fue todo de Código. Ese año fue terrible, el 2004. Tocamos muchísmo para salir del knock out.

Este adelanto del número 4 se podrá conseguir en los recitales de la trastienda del 26 y 27 de diciembre. Que además incluye una parte de la entrevista a Ale Müller (Huevo de Valientes), y del capítulo IV de la novela el Antiprincipito.

jueves 3 de diciembre de 2009

Antiprincipito: Novela por entregas


Capítulo III: La excursión

Rompían todo. Pero primero fue el ruido, una piedra redonda se movió, y se asomaron. Hombres de arena. Tuve que dejar de escribir, salté volcando la tinta, por eso el manchón. Ya casi la noche. Eran tres, y parecía como si conocieran cada piedra de la cloaca. Y lo que más me aterró, es que venían de adentro.
La piedra se corrió, y se vió por un reflejo azulado interior, un caño bastante grande de donde salieron; había un arenas que los acompañaba que se quedó en el azul, cuando volvieron la piedra a su lugar tapando la entrada al pasadizo. ¡Por la rata tetona que nos engendra! Se movieron cautelosos. Puse la bolsa de arpillera con que me tapo para dormir sobre los escritos y me escondí temblando.
No se les veía la cara. No sólo por la oscuridad, estaban como con vendas en la cabeza, sus movimientos eran bruscos, exagerados... de los brazos, de las piernas, salpicaban arena. Mientras tocaban las cosas que encontraban, suavemente, pude oír cómo crujían. Es imborrable. Rozaban los dedos y saltaba por el aire lo que tocaban. Ése es el poder de la noche fulminante. Estaban por llegar a donde los escritos ocultos bajo la arpillera, cuando se
pusieron a revolver un poco las cosas del príncipe... encontraron el baúl, pasaron sutiles las manos para que crujiera, pero nada. Tironearon a ver si lo abrían. No pudieron ni moverlo. Furiosos, le pegaron patadas hasta que uno dijo. Basta, se van a deshacer. La arena había
volado por todas partes, apenas fosforescente. Los otros dos lo miraron y gesticularon en un idioma que no entendí. Le pegaron una última patada resentida y se ve que se prendió la vitrola, porque de golpe salió música desde adentro, que les hizo pegar flor de fruncida a los tres arenas... y a mí también, para qué negarlo. Después se fueron, salieron, por lo que pude
ver, camino al desierto.
Esto cambia todos los planes. Voy a ir a avisarle al príncipe y a los demás. Hay que averiguar adónde lleva ese pasadizo.

Continúa en capítulo III


















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Lo siguiente son dos poemas que una lectora escribió inspirada en la lectura de varios capítulos de la novela. El antiprincipito sorprendido del poder de intuición y conexión, de nuestra lectora, se pregunta cómo supo de cosas que todavía nadie sabe de la historia, que vendrán. A punto de salir de la cloaca, agradece de todo corazón, a Patricia Morante (autora de los poemas) por haberse conectado tanto con la historia, y haberlo hecho saber:


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1
Parece ser que existe un príncipe
tan humanamente noble
que no puede ocultar ni el destello
ni la opacidad de sus ojos.



Tiene la mirada como el primer
brillo de la aurora o como la última
luz del día;
y a veces, como la noche más oscura,
entre las fauces del lobo.
Asusta.
Cuando levanta los párpados
aparecen todos los espejos
en donde la humanidad se mira.
Y las fogatas, esas que reúnen
para contar historias,
reviven en él con cada parpadeo.
Emana una voz entre sus pestañas
y un silencio color vino.
Mientras camina, silba...
y cuando silba, recuerda.
Viste un saco fuera de moda,
heredado tal vez.
Y en sus bolsillos lleva y trae,
entre la pelusa , una música
hecha con semillas
y otra, semejante al ruido molesto.
Los ríos de sus venas
desembocan en la poesía...
Camina, silba, recuerda.
Sus cabellos no alcanzan
para ser dorados
ni sus zapatos para pisar
la superficie de un asteroide.
Sin embargo...sus plantas
no siempre tocan tierra firme...
Por algo es príncipe.

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2

El libro cerrado,
quizás lleno del polvo de los días,
aguarda para desplegar
sus alas de mariposa...
En su cuerpo duerme
un lago de aguas quietas que espera
para encauzarse o encausarse.

La soledad, cansada tal vez,
desesperada tal vez, aguarda
para dejar de ser soledad.
En la compañía se reconforta
para, luego, seguir siendo...

En cambio la sirena,
en medio del océano,
no espera que ahora
le cubran el torso,
no quiere que le cercenen
el largo cabello
mil veces imaginado,**
ni que su cauda mude
en ridículas piernas danzantes.
Desea que así sigan sus cánticos
y que, algún navegante, de ellos
y de ella se enamore.
Odia que la confundan con manatíes.

El silencio* puede dejar de ser silencio.
Los labios sellados reciben la caricia
y asoma... el gemido.
La voz, brisa o ventarrón,
arremolina las hojas del otoño,
las eleva y las conduce. Salen.
La mudez es quebrada
como vara de mimbre
por las manos. .
Los ojos dicen...
Mientras el silencio espera
para ser acallado,
sigue macerando su fruta.

La memoria no quiere dejar de ser...
En su mutación están el olvido... y la guerra,
lo vergonzoso y lo obsceno.


*Muzarelas o conjunto de ellas.
**(Mucho menos desea a un peluquero que la peine y la seque...)



martes 27 de octubre de 2009

Cielo Razzo, Entrevista a Pablo Pino


Pablo Pino, cantante de la banda Cielo Razzo, escoba en mano, mientras barre concentrado, mira hacia enfrente las sombras que proyecta la noche. Junta un pilón de hojas secas, y confiesa: me gusta barrer de noche.

¿Te gusta barrer de noche, por?
Porque ya no hay nadie... es la hora en que barren las brujas. A veces, como la luz de la calle anda más o menos, flasheo que entre los árboles de enfrente, aparecen un par y me miran. Pablo sigue barriendo; su mujer se asoma por la ventana, y le dice si puede ir a contarle un cuento a su hija, que ya está en la cama. Ahí voy, responde, termino acá con las hojas secas y voy.

También las podés levantar y echar en los canteros… (Las hojas son una montaña. Es una vereda ancha, con dos canterotes cuadrados; adentro hay esas flores que sólo se abren de noche) ahí se pudre y se hace buena tierra.

¿Sí...? Bueno, dale.

Sí, posta, lo que hacemos es sacarle las bolsas de basura y eso. ¿Tenés una palita? Juntando, seguimos charlando, pero no para reproducir en una nota. Nos despedimos al rato, va a contarle un cuento a su hija, explicándome que su hora favorita para componer, también es la hora de las brujas... que a veces lo ayudan. Las entrevistas, prefiere hacerlas de mañana, a cara de perro.
Acepto el desafío.


2. La Previa
9:30 de la mañana. Bar Bestiario, sobre una avenida que da a la cancha de Central. Desayunamos. Me madruga:

Tire, maestro.

¿Tu primera canción?
La primera, (la hicimos en vivo los primeros años) se llamaba: La moneda. No era la de Páez, era otra. Después supe que la de él se llamaba así.

¿Cómo decía?
Era una canción muy adolescente, no por lo que decía, sino por cómo lo decía, hablaba de todo. ¿Cómo era? Hablaba del caos mundial. Un poco de los males del ser humano, de las guerras, de la intoxicación, de la capa de ozono. La letra no la tengo presente.

¿Esa fue tu primera canción dentro de Cielo Razzo, o ya estaba de antes…?
Apenas entro en Cielo Razzo, estoy seguro de que esa fue la primera canción que aporté; estaba dentro del repertorio de las siete canciones que tocábamos con la banda en vivo, se sumó a las cinco, que ya el Nano y Cristian tenían compuestas; yo sumo ésta, y otra que se llamaba Pesada. Que hablaba de una chica que era muy pesada, pero era una chica imaginaria, algo que me hubiera gustado que pase, que no pasaba nunca.

¿Qué decía la canción?
Era rocanrol. Canción muy joven. Yo tenía 19 años. Más allá de la edad, jóven en otro sentido, recién arrancaba a tocar: a los 18 tuve una guitarra. Se supone que empecé de grande. Se dice que todos empiezan a tocar a los 12.


(Continúa en revista Antiprincipito Nº3, muy pronto en los kioscos de las lineas de subtes y trenes)

La Manzana Cromática Protoplasmática


Conversación con el Botis, cantante de La Manzana sobre la historia de la banda

Estamos comiendo pizza napolitana en una plaza sobre el pasto, en Haedo. Es un viernes feriado, 1º de mayo. Arranca el Botis ni bien el play del grabador:


La Manzana empezó como un concepto, en un cuaderno cuando estaba viajando. Nació desde una necesidad de escribir... escribir canciones, cuentos, cortos... y, así como a veces vienen las palabras y las historias, La Manzana Cromática apareció y ¡plaf!, fue todo un algo intenso... apareció como concepto de un espacio artístico, que en realidad no estaba pensado que sea exclusivamente musical; aunque la veta musical era la más fuerte. Después de eso, las músicas que siempre estuvieron dando vueltas, se manifestaron, en algún punto. Y la ley de afinidad se hizo presente también, o sea, gente que por ahí era sensible, tenía afinidad a esa música, con ese arte, se acercó... y fue un momento de mucho descubrimiento de amigos, una etapa donde conocí muchísima gente.

El ritmo de la entrevista, lo marca la napolitana. Lo escrito la borra, pero en el audio, se descubre la pizza, asomar cuando se pronuncian algunas palabras. Esto marca los silencios y momentos para pensar, lo que va surgiendo, las preguntas y las respuestas, en los mordiscones o mientras masticamos, atentos a nuestra conversación, pero también a lo que pasa en el paisaje de la plaza y su circulación. Con el Botis no queda otra que crear nuestro propio ritmo. Compartido.

También, para mí fue un descubrimiento espiritual, relacionado con esa etapa de la vida, con los diez y pico, dieciocho... hasta veintipico, un descubrimiento del mundo espiritual, donde el arte tiene mucho que ver.
Y después simplemente, habiendo recorrido ese camino de juntarse con un montón de compinches y gente, la primera vez que, digamos, aparecieron personajes, fue en respuesta a la necesidad de un amigo: que se había enamorado de una española, y se me ocurrió que podíamos hacer un recital para juntarle guita para el pasaje, para ayudarlo. Y así fue la primera Manzana. Ahí aparecieron personajes míticos como Menócles, el marroquí autoexiliado en lancha; y el líder de las fuerzas protoplasmáticas, Nestúm.

(Continúa en revista Antiprincipito Nº 3, pronto en kisocos de las líneas de subtes y trenes)