La piedra se corrió, y se vió por un reflejo azulado interior, un caño bastante grande de donde salieron; había un arenas que los acompañaba que se quedó en el azul, cuando volvieron la piedra a su lugar tapando la entrada al pasadizo. ¡Por la rata tetona que nos engendra! Se movieron cautelosos. Puse la bolsa de arpillera con que me tapo para dormir sobre los escritos y me escondí temblando.
No se les veía la cara. No sólo por la oscuridad, estaban como con vendas en la cabeza, sus movimientos eran bruscos, exagerados... de los brazos, de las piernas, salpicaban arena. Mientras tocaban las cosas que encontraban, suavemente, pude oír cómo crujían. Es imborrable. Rozaban los dedos y saltaba por el aire lo que tocaban. Ése es el poder de la noche fulminante. Estaban por llegar a donde los escritos ocultos bajo la arpillera, cuando se
pusieron a revolver un poco las cosas del príncipe... encontraron el baúl, pasaron sutiles las manos para que crujiera, pero nada. Tironearon a ver si lo abrían. No pudieron ni moverlo. Furiosos, le pegaron patadas hasta que uno dijo. Basta, se van a deshacer. La arena había
volado por todas partes, apenas fosforescente. Los otros dos lo miraron y gesticularon en un idioma que no entendí. Le pegaron una última patada resentida y se ve que se prendió la vitrola, porque de golpe salió música desde adentro, que les hizo pegar flor de fruncida a los tres arenas... y a mí también, para qué negarlo. Después se fueron, salieron, por lo que pude
ver, camino al desierto.
Esto cambia todos los planes. Voy a ir a avisarle al príncipe y a los demás. Hay que averiguar adónde lleva ese pasadizo.
Continúa en capítulo III

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Lo siguiente son dos poemas que una lectora escribió inspirada en la lectura de varios capítulos de la novela. El antiprincipito sorprendido del poder de intuición y conexión, de nuestra lectora, se pregunta cómo supo de cosas que todavía nadie sabe de la historia, que vendrán. A punto de salir de la cloaca, agradece de todo corazón, a Patricia Morante (autora de los poemas) por haberse conectado tanto con la historia, y haberlo hecho saber:
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1
Tiene la mirada como el primer
brillo de la aurora o como la última
luz del día;
y a veces, como la noche más oscura,
entre las fauces del lobo.
Asusta.
Cuando levanta los párpados
aparecen todos los espejos
en donde la humanidad se mira.
Y las fogatas, esas que reúnen
para contar historias,
reviven en él con cada parpadeo.
Emana una voz entre sus pestañas
y un silencio color vino.
Mientras camina, silba...
y cuando silba, recuerda.
Viste un saco fuera de moda,
heredado tal vez.
Y en sus bolsillos lleva y trae,
entre la pelusa , una música
hecha con semillas
y otra, semejante al ruido molesto.
Los ríos de sus venas
desembocan en la poesía...
Camina, silba, recuerda.
Sus cabellos no alcanzan
para ser dorados
ni sus zapatos para pisar
la superficie de un asteroide.
Sin embargo...sus plantas
no siempre tocan tierra firme...
Por algo es príncipe.
2
El libro cerrado,
quizás lleno del polvo de los días,
aguarda para desplegar
sus alas de mariposa...
En su cuerpo duerme
un lago de aguas quietas que espera
para encauzarse o encausarse.
La soledad, cansada tal vez,
desesperada tal vez, aguarda
para dejar de ser soledad.
En la compañía se reconforta
para, luego, seguir siendo...
En cambio la sirena,
en medio del océano,
no espera que ahora
le cubran el torso,
no quiere que le cercenen
el largo cabello
mil veces imaginado,**
ni que su cauda mude
en ridículas piernas danzantes.
Desea que así sigan sus cánticos
y que, algún navegante, de ellos
y de ella se enamore.
Odia que la confundan con manatíes.
El silencio* puede dejar de ser silencio.
Los labios sellados reciben la caricia
y asoma... el gemido.
La voz, brisa o ventarrón,
arremolina las hojas del otoño,
las eleva y las conduce. Salen.
La mudez es quebrada
como vara de mimbre
por las manos. .
Los ojos dicen...
Mientras el silencio espera
para ser acallado,
sigue macerando su fruta.
La memoria no quiere dejar de ser...
En su mutación están el olvido... y la guerra,
lo vergonzoso y lo obsceno.
**(Mucho menos desea a un peluquero que la peine y la seque...)

2 comentarios:
Es muy profundo lo que dicen las palabras, que, en un punto, logran dejar de ser palabras, para transformarse en otra cosa...
Anti: a veces... se transforman en semillas, están en un bolsillo o en una mano abierta, aguardando ser recibidas por algún surco, montoncito de tierra húmeda o corazón.
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